miércoles, febrero 25, 2004

Optimismo

El reloj parece haberse detenido, olvidado que su constante y lejano sonido adormece casi matando los momentos en que no estoy contigo; el viento deja de acariciarme el pecho, negándose a situar con sus crespos labios ese beso que pretendo en tu boca; el sol, violeta a estas horas, se escapa, dejando entre tinieblas mis suspiros marchitos, quejumbrosos; y las nubes se acorralan a lo lejos para morir sangrantes, dolorosas en el horizonte.
¿Qué hacer, si nada queda sino tiempo para pensar? ¿Qué pensar, si el espacio nada tiene ya de realidad? Nada más.
Pretendo exorcizar mis ojos, mas niéganse furiosos a llorar, y mis uñas que antes no podían más que acariciar, hoy ajan mis carnes agrias y espumosas. Nada logra abreviar mis pesos: cadenas de ira imposibles de quebrar; ni la monserga humillada ante la muerte, exigiéndole ese viaje sideral puede limar el musgo que en mi mente ha de crecer. ¡Basta! Deténganse en el aire, palabras, sin lacerar; obstruyan mis sentidos, para poder calmar este flagelo de crines enlutadas, manchadas más allá del arco iris, sin tesoro alguno que entregar. Como agolpadas en el hilo, en la red arácnida de cristal del cual pende inútil mi existencia, no creo poder cruzar este umbral: mitad dentro del saco, mitad cerca del final.
Olvidad, señores, este obtuso discurso. Fondo o forma, principio o final: qué más dan. Sólo limpien con seda - o con piel de rata, da igual- sus fríos hierros, dispuestos a destripar... ¡Acérquense! Lento, pero sin vacilar. No... enseguida: hay que actuar. Nada puede evitar que piense, alcoholizado, sin pensar nada, en realidad.

¿Qué me quieres decir, humano?


¿Que un hombre sentado
en sus arrabales
no cuestiona su estado
sino sus males?

¿qué la vida no es
sólo un soplido
porque el salario
justifica los medios?

Te creo; y cabizbajo
Asumo las culpas
De todos
por haber nacido

¡No pretendo ser un dios!,
aunque debería. Porque en la
medida que castigo mis manos
obligo a manos ajenas.

Porque si dejo de hurtar
Apelo a la conciencia de otro,
Liberándome de toda culpa
Para que por mi lo haga.

¡No exijo más, pero tampoco menos!
Camino exhausto, infinito
Para ponerme un pan en la boca
¿y qué se logra?...nada.

lo único importante es
que antes del amanecer
todos estaremos
muertos.

¿Crees que me sobra
el tiempo? Pues no.
Falta.
¡Mírate!

Me río de ti
Lector endemoniado
Me burlo de mi
autor profanado

¿Crees que escribo
por amor? Escribo
por necesidad.

Lo único importante es
que antes del atardecer
todos estaremos muertos.

Y así transcurre una vida
dos, tres , ¿cuántas más?
siempre con el mismo final,
sin importar lo que comas.

Hambre, ruido, guerra,
Sol, lluvia igual a tormenta.
Olvidas que estamos parados
Juntos, en el mismo lodo.

Hundiéndonos: seremos iguales,
arañando las carnes, desesperados
por salir del cuerpo oxidado
en que a todos nos han colocado.

¿Queda algo por hacer?
Quizá taparnos las caras.
Sí, ocúltate tras tu mirada
y me esconderé tras de ti.

“Nada queda por hacer”
dijo alguien ya aclarado
que desde el cenit del llanto
no hay paracaídas que salve.

Olvidemos y caminemos
Cada uno por su lado tratando
de encontrar en su camino
la más pequeña de las piedras.

Lo único importante –eso sí- es
que antes del anochecer
todos estaremos
muertos.