Optimismo
El reloj parece haberse detenido, olvidado que su constante y lejano sonido adormece casi matando los momentos en que no estoy contigo; el viento deja de acariciarme el pecho, negándose a situar con sus crespos labios ese beso que pretendo en tu boca; el sol, violeta a estas horas, se escapa, dejando entre tinieblas mis suspiros marchitos, quejumbrosos; y las nubes se acorralan a lo lejos para morir sangrantes, dolorosas en el horizonte.
¿Qué hacer, si nada queda sino tiempo para pensar? ¿Qué pensar, si el espacio nada tiene ya de realidad? Nada más.
Pretendo exorcizar mis ojos, mas niéganse furiosos a llorar, y mis uñas que antes no podían más que acariciar, hoy ajan mis carnes agrias y espumosas. Nada logra abreviar mis pesos: cadenas de ira imposibles de quebrar; ni la monserga humillada ante la muerte, exigiéndole ese viaje sideral puede limar el musgo que en mi mente ha de crecer. ¡Basta! Deténganse en el aire, palabras, sin lacerar; obstruyan mis sentidos, para poder calmar este flagelo de crines enlutadas, manchadas más allá del arco iris, sin tesoro alguno que entregar. Como agolpadas en el hilo, en la red arácnida de cristal del cual pende inútil mi existencia, no creo poder cruzar este umbral: mitad dentro del saco, mitad cerca del final.
Olvidad, señores, este obtuso discurso. Fondo o forma, principio o final: qué más dan. Sólo limpien con seda - o con piel de rata, da igual- sus fríos hierros, dispuestos a destripar... ¡Acérquense! Lento, pero sin vacilar. No... enseguida: hay que actuar. Nada puede evitar que piense, alcoholizado, sin pensar nada, en realidad.
El Gran Libro .
Nº de Inscripción: 14.015. Santiago de Chile
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